Si en algo cambia tu vida el turno de noche, es en la concepción que se tiene de la mañana. Cuando llegan las ocho, y tu jornada laboral termina, te sientes como si acabases de oír tu despertador corporal, estás recién levantado, fresco, después de una buena noche de sueño, y como siempre que te levantas de una buena noche de sueño, estás de buen humor, contento. Bromeas con los compañeros que entran en ese momento, y te despides de ellos deseándoles un buen día.
Y entonces, cuando no tengo el coche a mi disposición, tomo el autobús... las mañanas huelen distintas cuando no te has despertado. Los colores son también diferentes, me gustan. Me gusta leer en el autobús, observar las caras de la gente, que empiezan a ser habituales, dirigiéndose al centro de la ciudad. Me encanta también sentirme un ejecutivo más con mi corbata, de camino al hotel de mi padre, donde recojo el coche. Colecciono los periódicos gratuitos que me dan, y mi sonrisa seguramente es la que más reluce de todas, a mí no me fastidió los sueños un monótono ruido de despertador.
domingo, agosto 01, 2004
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