miércoles, diciembre 22, 2004

Una tarde de domingo

Trantando de recuperar sensaciones vividas, cierro los ojos. Y me veo dónde estuve. Veo una preciosa película, de esas que nunca ves porque son demasiado felices como para creerlas. Dos personas salen de una cafetería, después de haberse dicho todo con los ojos. El invierno se refleja en los charcos que se esparcen por la acera... la lluvia golpea sus rostros, y el calor que sus cuerpos desprenden empaña las gafas que ambos llevan.

Cuánta ternura cabe en un beso, cuánto tiempo es mucho tiempo; cuán dulce puede ser un caramelo. Cuántas preguntas quedan sin respuesta...

Siento a la felicidad rodearme con sus manos, pues todo ahora me va bien. Ahora; que puedo ver las películas felíces sin envidiarlas, recordando momentos vividos. Velas, sábanas, miradas, palabras. Complicidad y sinceridad. Caricias y besos. Tatuajes y piercings. Hay tantas preciosas palabras que ahora me recuerdan a ti...

jueves, diciembre 02, 2004

Ayer llovió

Ayer se pasó todo el día lloviendo aquí; me encanta la lluvia, es una lástima que viva en un sitio en el que llueve tan poco, aunque posiblemente ése sea también el motivo de mi amor por la misma. El caso es que el día fue genial, no sólo por la lluvia. Salí del trabajo sobre las 8:30, y en lugar de ir a casa de mi abuela a dormir, decidí que iba a disfrutar del día.

Llamé a Juan (hacía ya tiempo que no lo nombraba) y pasé el día con él; mientras las gotas de lluvia iban golpeando cada uno de los lugares en los que me encontraba. Y el calor de las habitaciones me cobijaba de la humedad exterior.

Después comimos con Darío, y sobretodo bebimos. Fue una tarde genial, aunque no hicimos nada; pero me sentí muy agusto, lo cual es justo lo que buscaba al salir del trabajo. La tarde se convirtió en noche, y nos dieron las tres de la mañana, de un largo día, que necesitaba de verdad.

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