Hasta el momento en que llegué a Noruega, siempre había pensado que no me gustaba el sol. Todos los recuerdos que él me traía me desagradaban en cierta medida. Ahora puedo, por ejemplo recordar las mañanas de domingo (o mejor dicho los mediodías) de cuando era pequeño, en que yo no quería hacer nada, y desde luego mucho menos ir a pasear por el centro de la ciudad. Todos esos días eran siempre soleados. Claro, quién va a pasear un día de lluvia.
El clima de Noruega, o la concepción que de él tenía, me llamaba mucho la antención. Otro motivo más por el que fui, tal vez. Si bien la lluvia no abundaba tanto en Trondheim como por ejemplo lo hacía en Bergen; lo que estaba claro era que el sol no era precisametne el enemigo que recordaba en Valencia. Pero, como con todos los grandes enemigos sucede, la falta del mismo empezó a notarse después de unos meses, al caer el invierno.
Ahora, de vuelta a Valencia, tengo clarísimo que en realidad el sol nunca fue mi enemigo, de hecho no lo está siendo en un día tan soleado como éste está siendo. Mi verdadero enemigo, sin lugar a duda es el calor.
viernes, octubre 29, 2004
miércoles, octubre 27, 2004
Constancia, constancia, constancia... constancia!
Si algún día encuentro la lámpara de Aladino, y el genio me concede el deseo que de él se espera (y que conste que con uno me basta). Supongo que le pediría cualquier marcianada del estilo volar, o mejor aún, leer la mente. Quizás eso haría aburrida mi vida, sí, ya tendría negativas antes de cuestionarlas, y así siempre me dirían que sí.
Pero si hubiese un pero, y el genio me dijese que sólo puedo pedir virtudes reales; si me restringiese de alguna manera, sin lugar a duda pediría constancia eterna. Porque la constancia es lo que siempre me ha faltado; empiezo muchas cosas, pero no acabo ninguna; tengo muchas aficiones, pero soy incapaz de mantenerlas; quiero ser muchas cosas, pero las olvido antes de aprenderlas del todo.
La constancia, la falta de ella, me ha llevado hasta extremos peligrosos, cuando te llegas a aburrir hasta de las personas que tienes a tu alrededor. La sensación de ser culpable, en algunos casos, quizás en la mayoría, de que conserve contadas amistades por más de un par de años, no es algo que agrade a nadie; y yo no voy a ser más que nadie, menos aún en esto.
Y qué hacer mientras ése genio no viene? Pues simplemente esto. Escribir aquí, que tengo que ser constante, que tengo que dedicarme en cuerpo y alma a conseguir todo lo que quiero, y que tengo que hacerlo para siempre. O al menos la parte del siempre que esté vivo.
Pero si hubiese un pero, y el genio me dijese que sólo puedo pedir virtudes reales; si me restringiese de alguna manera, sin lugar a duda pediría constancia eterna. Porque la constancia es lo que siempre me ha faltado; empiezo muchas cosas, pero no acabo ninguna; tengo muchas aficiones, pero soy incapaz de mantenerlas; quiero ser muchas cosas, pero las olvido antes de aprenderlas del todo.
La constancia, la falta de ella, me ha llevado hasta extremos peligrosos, cuando te llegas a aburrir hasta de las personas que tienes a tu alrededor. La sensación de ser culpable, en algunos casos, quizás en la mayoría, de que conserve contadas amistades por más de un par de años, no es algo que agrade a nadie; y yo no voy a ser más que nadie, menos aún en esto.
Y qué hacer mientras ése genio no viene? Pues simplemente esto. Escribir aquí, que tengo que ser constante, que tengo que dedicarme en cuerpo y alma a conseguir todo lo que quiero, y que tengo que hacerlo para siempre. O al menos la parte del siempre que esté vivo.
Complicidad
Una sonrisa, una mirada, la complicidad. El saber sin oír, el conocer sin preguntar, el sentirse querido sin necesidad de que te digan que te quieren. Los unicos secretos que existen son aquellos que nadie nunca ha dicho, pero que dos personas comparten con los ojos.
Hay cosas que me han costado una vida aprender, y cosas que en una vida no aprenderé, la complicidad es de las primeras; y menos mal, porque una vida sin ella no sería más que una línea recta, siempre en la misma dirección aún a sabiendas de que no llegará a ninguna parte pues no puede alcanzar el infinito.
Ahora que quiero ver las cosas pequeñas, ser cómplice en definitiva, me doy cuenta de que mis ojos no son lo único que necesita cambiar.
Hay cosas que me han costado una vida aprender, y cosas que en una vida no aprenderé, la complicidad es de las primeras; y menos mal, porque una vida sin ella no sería más que una línea recta, siempre en la misma dirección aún a sabiendas de que no llegará a ninguna parte pues no puede alcanzar el infinito.
Ahora que quiero ver las cosas pequeñas, ser cómplice en definitiva, me doy cuenta de que mis ojos no son lo único que necesita cambiar.
lunes, octubre 25, 2004
Espera
Hace ya varios meses desde la última vez, por eso debo antes que nada pedir perdón por la espera.
A veces pierdes motivos, motivos que te hacen actuar, reaccionar, moverte; entonces la pereza, la falta de constancia se apodera de ti. Tratas de salir, pero te sucede como al niño pequeño que juega con esos atrapadedos que alguna vez he visto por la tele; mientas más estiras, más atrapado estás.
Lo peor, aunque parezca irónico, es que esto puede perfectamente acontecer en un momento dulce. Es cuando todo te va bien, cuando tu tiempo pasa tan veloz, que hay una parte de tu vida a la que dejas de lado.
Siempre he pensado que las relaciones a distancia solo se mantienen vivas cuando no existen las relaciones en directo. O al menos son más fáciles de mantener. Pero todo esto ahora mismo no suena más que a excusas.
A veces pierdes motivos, motivos que te hacen actuar, reaccionar, moverte; entonces la pereza, la falta de constancia se apodera de ti. Tratas de salir, pero te sucede como al niño pequeño que juega con esos atrapadedos que alguna vez he visto por la tele; mientas más estiras, más atrapado estás.
Lo peor, aunque parezca irónico, es que esto puede perfectamente acontecer en un momento dulce. Es cuando todo te va bien, cuando tu tiempo pasa tan veloz, que hay una parte de tu vida a la que dejas de lado.
Siempre he pensado que las relaciones a distancia solo se mantienen vivas cuando no existen las relaciones en directo. O al menos son más fáciles de mantener. Pero todo esto ahora mismo no suena más que a excusas.
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