Ayer estuve por primera vez en dos sitios; esto no es algo extraño, aún cuando estás en la ciudad que te vió nacer, cuando ésta es lo suficientemente grande. Uno de ellos fue un restaurante chino, que tampoco se diferenciaba mucho de los otros tantos en los que había estado antes.
Pero el otro, la casa del libro, me sorprendió. Y ya no lo digo porque me encanten las librerías, y porque esta sea especialmente completa en cuanto al material que tiene. Ni porque pudiese por fin comprar el libro de kanji que desde hacía un tiempo tenía ganas de tener. Lo que me sorprendió es la pequeña cafetería, que tienen junto a la poesía. Y es que, cuando la ví, me vi en ella miles de veces, ví miles de encuentros con gente maravillosa, tardes de lluvia y café caliente, risas y muchos, muchos latidos de corazón. Me ví hace unos años, y me ví con cuarenta y tantos; incluso me ví en Noruega. Y es que sentía que ese sitio siempre me había acompañado, había estado siempre ahí, en mi mente, en mi imaginación. Esperando que lo encontrase.
Quizás no vuelva a subir a ese piso cuando vaya, no sea que se pierda esa idea... o bueno sí, siempre que la cita sea ella, y el día lluvioso... el café seguro que lo tienen.
jueves, julio 15, 2004
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1 comentario:
Victor no sabia q tenias web, he encontrado esto entrando desde Orkut por casualidad.Bueno xiquet,veo que estas contento con tu trabajo, me alegro y te mando un abrazo desde la capi, a ver cuando nos vemos ...
Salu2.
Raul.
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