miércoles, octubre 27, 2004

Constancia, constancia, constancia... constancia!

Si algún día encuentro la lámpara de Aladino, y el genio me concede el deseo que de él se espera (y que conste que con uno me basta). Supongo que le pediría cualquier marcianada del estilo volar, o mejor aún, leer la mente. Quizás eso haría aburrida mi vida, sí, ya tendría negativas antes de cuestionarlas, y así siempre me dirían que sí.

Pero si hubiese un pero, y el genio me dijese que sólo puedo pedir virtudes reales; si me restringiese de alguna manera, sin lugar a duda pediría constancia eterna. Porque la constancia es lo que siempre me ha faltado; empiezo muchas cosas, pero no acabo ninguna; tengo muchas aficiones, pero soy incapaz de mantenerlas; quiero ser muchas cosas, pero las olvido antes de aprenderlas del todo.

La constancia, la falta de ella, me ha llevado hasta extremos peligrosos, cuando te llegas a aburrir hasta de las personas que tienes a tu alrededor. La sensación de ser culpable, en algunos casos, quizás en la mayoría, de que conserve contadas amistades por más de un par de años, no es algo que agrade a nadie; y yo no voy a ser más que nadie, menos aún en esto.

Y qué hacer mientras ése genio no viene? Pues simplemente esto. Escribir aquí, que tengo que ser constante, que tengo que dedicarme en cuerpo y alma a conseguir todo lo que quiero, y que tengo que hacerlo para siempre. O al menos la parte del siempre que esté vivo.

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