viernes, octubre 29, 2004

El sol

Hasta el momento en que llegué a Noruega, siempre había pensado que no me gustaba el sol. Todos los recuerdos que él me traía me desagradaban en cierta medida. Ahora puedo, por ejemplo recordar las mañanas de domingo (o mejor dicho los mediodías) de cuando era pequeño, en que yo no quería hacer nada, y desde luego mucho menos ir a pasear por el centro de la ciudad. Todos esos días eran siempre soleados. Claro, quién va a pasear un día de lluvia.

El clima de Noruega, o la concepción que de él tenía, me llamaba mucho la antención. Otro motivo más por el que fui, tal vez. Si bien la lluvia no abundaba tanto en Trondheim como por ejemplo lo hacía en Bergen; lo que estaba claro era que el sol no era precisametne el enemigo que recordaba en Valencia. Pero, como con todos los grandes enemigos sucede, la falta del mismo empezó a notarse después de unos meses, al caer el invierno.

Ahora, de vuelta a Valencia, tengo clarísimo que en realidad el sol nunca fue mi enemigo, de hecho no lo está siendo en un día tan soleado como éste está siendo. Mi verdadero enemigo, sin lugar a duda es el calor.

No hay comentarios:

The Book Depository

The BookDepository